Sobre
una cama se hallaba un joven Australiano, sudoroso, estaba soñando,
tenia una pesadilla, mejor dicho. No paraba de balancearse
ligeramente de un lado al otro. Hasta que finalmente, el joven
despierta. En un primer momento el joven se muestra aliviado, ha
escapado de la pesadilla que le atrapaba en su profundo sueño, pero
súbitamente, se hecha a llorar, arrinconado bajo su escritorio. Es
como si le hubiesen arrebatado algo que ha estado experimentando toda
su vida, pero que ahora se ha convertido en in ínfimo suspiro en su
memoria.
Mientras tanto, unos gemelos muy extraños
permanecen en uno de los antiguos salones de baile de la sede de una
antigua secta que hasta ahora se antojaba des estructurada y sin
miembros con el poder suficiente para realizar los antiguos ritos a
los que se dedicaba la susodicha orden de extraña procedencia. Pero
en aquellos momentos el antiguo museo de ciencias se encontraba
repleto de sectarios que portaban túnicas violetas y rojas,
mostrando su rango, y observaban con atención a aquellos extraños
gemelos de semblante tan dispar que ellos mismos acababan de llamar
mediante un rito. Los jóvenes no hablaban, tan solo permanecían
sentados, desnudos, dentro del mismo ovalo dibujado con sal, azúcar
y zumo de granada en partes iguales, no mostraban el más mínimo
amago de temor. Lo cual molestó al que parecía ser el sectario
jefe, que arrancó en un grito arrogante y con un claro afán de
mostrar su poder:
-
¡Llevad al fruto de nuestra fallida invocación a las catacumbas, al
mirarles mi ojos desean no existir!
En cuestión de
minutos los dos gemelos se vieron envueltos en una especie de cúpula
enorme de cristal.
Antes
de encerrarlos del todo, el que parecía ser el jefe, observó las
caras de los gemelos, al ver que estos seguían sin mostrar la más
mínima mueca de miedo, cerró la cúpula del todo, ordenó al resto
de sectarios que se turnaran para vigilar que los gemelos no se
fugasen.
Pasaban
los años, y los dos gemelos seguían encerados y en la misma
posición en la que estaban cuando los encerraron.
Lo cierto es
que los gemelos dudaban de que los sectarios supiesen a quien habían
“arrestado”, los mismísimos hermanos Morpheo y Onirio, Morpheo
encargado de alimentar los sueños de los humanos, y Onirio encargado
de provocar las pesadillas que hacen sucumbir al ser humano, sin
ellos, el ser humano el sentido de la existencia, pues, ¿Qué es un
hombre sin sus sueños y sus temores?
Pasaron los días....
semanas...meses....años.... y, tanto Morpheo como Onirio, seguían
encarcelados... y por lo tanto las pesadillas y sueños del ser
humano también.
Permanecieron encarcelados tres lustros, hasta
que un día, le tocó hacer la guardia a un joven sectario, el cual
nunca había visto el mar, y soñaba con, al menos, sentir la brisa
marina en su rostro. El joven cogió una revista, y comenzó a
observarla, en ella se mostraban chicas escasas de ropa, en la orilla
del mar, con sus pocas ropas húmedas, como era de esperar, todos los
que compraban esas revistas era para deleitarse soñando con las
chicas, pero él, se deleitó soñando que estaba en el mar.
En
ese instante los dos hermanos se sirvieron de los sueños del joven
para recuperar su poder y abandonar las catacumbas.
Corrieron,
y en cuestión de minutos abandonaron aquel edificio. Eran libres,
por fin.
Con la luz del Sol se podía ver con claridad que eran
muy distintos:
Morpheo, era un hombre rechoncho, de apariencia
feliz, vestía ropas de colores, y su pelo encrespado y
naranja.
Onirio, en cambio, era alto, esquelético, de
apariencia oscura, vestía ropas negras las cuales eran cubiertas por
una capa violeta con finales rojos asemejando una llama, tenia el
pelo negro y lacio.
Morpheo y Onirio estaban hambrientos,
pues se alimentaban de los sueños y pesadillas de los hombres
respectivamente, así que al salir, lo primero que hicieron fue ir a
sembrar sueños y pesadillas en las cabezas de los habitantes del
planeta tierra.
Pero en todo ese tiempo el ser humano se volvió
demasiado frío y calculador, cada vez era más difícil hacer
germinar sueños o pesadillas en sus corazones, a Morpheo le
recordaban a las tierras de su primo Eros, tierras preciosas, pero
estériles para un futuro.
Por eso les costó mucho obtener
alimento. Y el poco que obtuvieron no fue suficiente.
Onirio
obtuvo un poco más que Morpheo, porque los temores siempre viven en
nuestros corazones, pero la esperanza y los sueños no.
Morpheo
se fue debilitando cada vez más, hasta que finalmente, murió.
El
funeral de Morpheo se celebró en las catacumbas del mundo, se le
construyó una cripta.
El encargado de construirla fue Hipnos,
su padre.
Un
día, mientras ambos deleitaban a la memoria de Morpheo con unas
lagrimas, Onirio pronunció las siguientes palabras:
-En la paz,
los hijos entierran a sus padres. En la guerra, los padres entierran
a sus hijos. ¿Padre, estamos en guerra?
-Y, he aquí
la razón de la actual decadencia a la que se ve sometida la raza
humana.-dice un padre a los pies de la cama de su hijo- Por eso no te
permitiré ser como ellos.
Y finalmente, le clava un cuchillo
con el que le da muerte.